martes, 3 de noviembre de 2026

Sobre lo numinoso y el numen

Ahí va una pequeña nota sobre la cuestión del numen y de lo numinoso que sirvió de base a la fenomenología de las religiones en su acercamiento a la esfera de la religión. Rudolf Otto en su libro "Lo santo" o "Lo sagrado" es el responsable de rescatar este término que se remonta a la antigua Roma para renombrar y atender al pasaje de lo sagrado en el hombre; misteriosamente y enamorándonos de por vida, en la vida misma... El cuadro recoge un lienzo de Gaspar David Fiedrich, "El monje y el mar"... La naturaleza desbordando lo humano y, al tiempo, siendo escenario de contemplación para un hombre más allí de si y arraigando en un entusiasmos tranquilo. ¿Por qué un monje?, ¿por que la fascinación del Romanticismo temprano con el monacato?. Rudolf Otto en la estela romántica...

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Lo numinoso, lo sagrado irrumpiendo... Hablar de lo numinoso supone una renovación en clave fenomenológica del discurso sobre los acercamientos a lo divino o acaso a lo sagrado; a ese mysterium tremendum et fascinans, que nos dice Otto de cuya vecindad e insinuación dependería la apertura a una esfera que transcendiendo lo cotidiano nos ubicaría en el umbral de lo iniciático. Otto nos servirá una categoría constituyente para la fenomenología de las religiones la cual entenderá que atender a lo religioso es imposible sin quedar abierto, reconocer y atender a un pasaje íntimo que es capaz de transformarnos redirigiéndo nuestra vida; un pasaje íntimo capaz de abismarnos en un umbral de transcendencia en el que irrumpe un misterio sobrecogedor capaz de enamorarnos y fascinarnos.

Precisamente por eso resulta un término adecuado a la hora de acercarnos al contexto tan pluriforme y complejo en relación a la cuestión de lo sagrado y sus pasajes. Los románticos no hablaron de lo numinoso -no se había acuñado el término -es Otto quien lo hace- aunque de haberlo hecho se habría ajustado con finura a su quicio complejo. Personalmente descubrí el término leyendo a Jünger hace ya un buen puñado de años. Desconocía la palabra pero la entendí por el contexto de la cita y tras informarme, muy panorámicamente, entendí lo numinoso como una indicación de lo sagrado pero apelando a una raíz de origen latino. Se hace evidente que Otto, desde su perspectiva fenomenológica de atender a los pasajes espirituales a partir de quien los vive, buscaba un término que sirviera para atender a una categoría del modo menos condicionado y más amplio posible. Es cierto que él mismo lo define apelando a la irrupción de ese Misterio rebasándonos y fascinándonos aunque Otto no inventa gratuitamente ya que apela a un término latino de la tradición romana precristiana.

Del término numen decir que en la antigua Roma no queda tanto dirigido a lo divino o a lo puramente sobrenatural sino al brindarse al de la presencia de lo divino; el matiz es importante. En su significado romano lo numinoso aludiría a la presencia divina, a la manifestación de lo divino y de su potencia; algo que podría darse prácticamente en cualquier sitio; un bosque, un río, un objeto sagrado, en una obra de arte..

Como podemos observar su significado más originario alude a las fuerzas espirituales manifestándose en lo real dejando sello de una perspectiva omnipresente de lo divino. Tal perspectiva, por tanto, aludiría a la potencia de una esfera rectora que puede manifestarse y revelarse; y de hecho, así lo hace. Con la influencia griega y etrusca los romanos pasaron a representar a sus dioses iconográficamente con lo que se consolidó la idea de numen como esa manifestación de los dioses de ahí que hablar del numen de Jupiter o de cualquier otro Dios romano supondría hablar de su presencia en relación al mundo. En La Edad media y tras la cristianización pasó a vincularse con el paganismo con lo que dejó de usarse aunque su uso volvió con la lectura de los clásicos romanos en los prolegómenos del Renacimiento y en una clave literaria.

Si bien es cierto que el término de lo numinoso es la gran aportación de Otto a la fenomenología de las religiones lo cierto es que en el Renacimiento el término numen paso a usarse desde el punto de vista de la  inspiración y del furor y entusiasmo poético en una estela neoplatónica y deudora de la mania platónica. El numen, era la inspiración poética y literaria brindándose; la musa… Los grandes autores del siglo XVI usaron el término -pienso en Garcilaso o Fray Luis de León- y también lo usaron los grandes maestros del siglo de oro hispano. En todos ellos la perspectiva a tener en cuenta, la que justifica el uso, será ese vínculo con una inspiración que tendía a decantarse en tanto una inspiración transcendente. Sor Juana Inés de la Cruz, que también usaba el término, nos dirá poéticamente : “Di, alma, qué sientes cuando en tu ardor/te deshaces en un fuego tan divino/que el mismo miedo te sirve de amor,/y el mismo asombro te guía en el camino.” El mysterium tremendum et fascinans que diría Otto expresado casi literalmente... No resulta casual que estos versos de la novohispana refleje tan certeramente lo que tiempo después nos dirá Otto. Un misterio que irrumpe que deshace, rehace y transfigura, que tiene potencia para recalibrar toda una vida. Al interior del alma, nos dirá San Agustin en esa octava neoplatónica, habita el logos-cristo, un logos que derrama su presencia ubicuamente en todo lo que es y acontece...

 A partir del uso del sustantivo numen solo faltaba derivar el adjetivo numinoso, algo que se hizo ya en la Inglaterra del XVI pero sin llegar al grado de elaboración que le dará Otto. Nada de lo dicho, me refiero a estos usos previos, restan mérito a Rudolf Otto. Al revés nos muestran el arraigo y la potencia de un término capaz de remontarse a la romanidad pagana.

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De Otto decir que fue editor de la obra de Schlaiermaher, vinculado con el Círculo de Jena, lo que le incardina en el epicentro de la tradición romántica. Otto era luterano pero ajeno a ese protestantismo refractario al pasaje místico. Su libro “lo sagrado”, traducido en España poco acertadamente como “Lo santo”, en el que tematiza ese mysterium tremendum et fascinans no fue bien recibido por las autoridades eclesiales luteranas. Su umbral de implicación con la fruhromantik, esto es, con el romanticismo temprano resulta todo menos casual. Es cierto que los románticos no usaron el término de numinoso ni tampoco el de numen aunque las resonancias entre el concepto de lo sublime y el de lo numinoso se harán evidentes. Lo sublime desbordando lo humano, desgarrándolo casi -pienso en los cuadros de Fiedrich en lo que la naturaleza, bellamente salvaje, se nos impone- en tanto presencia que nos transciende, nos atemoriza y, al tiempo, nos fascina y enamora… Se hace evidente que Otto al pensar lo numinoso bebe de fuenets románticas y, sobre todo de la idea de lo sublime para a partir de ahí elaborar su propio proyecto intelectual. Partir de Otto y de lo numinoso para divisar el horizonte romántico no debe extrañarnos ya que si algo puede decirse del Romanticismo a pesar de sus aporías, contradicciones y fisuras fue su enorme éxito en tanto línea de fuga de la Modernidad; en la propia modernidad y más allá de ella. Amparándola y desbordándola. Tanto será así que si algo no debiera sorprendernos fue el giro católico del primer círculo romántico el cual que no dejará de ser la primera vanguardia europea. Me refiero al Círculo de Jena. Otto en esa línea de fuga nos ofrece un claro ejemplo de la revolución romántica intentando volver a tender puentes con lo sagrado y su pasaje en lo humano; y con lo real en tanto ese misterio que se nos brinda y nos desborda. El númen de Otto. Al calor del romanticismos más lúcido…

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¿Por que un monje en el lienzo de Fiedrich?... ¿Por qué se conjura el monacato?. ¿Por qué el poco divulgado filocatolicismo del Circulo de Jena?. En relación a las relaciones entre Romanticismo e Ilustración el filocatolicismo expreso del primer romanticismo deja a las claras su distancia con la mentalidad ilustrada. Este filocatoliscimo surge del que podría denominarse el primer texto romántico. Me refiero al libro “Desahogos de un monje amante del arte” escrito por Ludwig Tieck, el gran traductor al alemán del siglo de oro, y Wilhelm Wackenronder que murió muy joven y poco después de editarse el libro. "Desahogos..." se publicará en 1797 prácticamente al tiempo en el que August Schlegel se muda a Jena para dar clase en la Universidad abriendo así el proceso del Círculo de Jena. Este libro tendrá su origen en un viaje que Tieck y Wackenroder hicieron por el sur de Alemania y en el que quedaran deslumbrados por la exhuberancia del arte católico y, también, por la alta penetración social del mismo. En el libro un monje católico reflexiona sobre arte y sobre lo que sería la religión de la belleza... Desde la perspectiva de este monje el arte no se entendería desde la crítica sino desde el corazón, el entusiasmo y la intuición de lo sagrado. Muy tempranamente el libro se convirtió en un objeto de culto para los jóvenes románticos de Jena. Un libro, digamos, de cabecera. ¿Eran modernos los románticos?. Una pregunta que desvela las aporías de la propia Modernidad, las fisuras en las que enraíza la revolución romántica y las líneas de fuga que terminó sirviendo.

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