Ahí va una pequeña nota sobre la
cuestión del numen y de lo numinoso que sirvió de base a la fenomenología de
las religiones en su acercamiento a la esfera de la religión. Rudolf Otto en
su libro "Lo santo" o "Lo sagrado" es el responsable de
rescatar este término que se remonta a la antigua Roma para renombrar y atender
al pasaje de lo sagrado en el hombre; misteriosamente y enamorándonos de por
vida, en la vida misma... El cuadro recoge un lienzo de Gaspar David
Fiedrich, "El monje y el mar"... La naturaleza desbordando
lo humano y, al tiempo, siendo escenario de contemplación para un hombre más
allí de si y arraigando en un entusiasmos tranquilo. ¿Por qué un monje?, ¿por
que la fascinación del Romanticismo temprano con el monacato?. Rudolf Otto en
la estela romántica...
(1)
Lo numinoso,
lo sagrado irrumpiendo... Hablar de lo numinoso supone una renovación en clave
fenomenológica del discurso sobre los acercamientos a lo divino o acaso a lo
sagrado; a ese mysterium tremendum et fascinans, que nos dice Otto de
cuya vecindad e insinuación dependería la apertura a una esfera que
transcendiendo lo cotidiano nos ubicaría en el umbral de lo iniciático. Otto
nos servirá una categoría constituyente para la fenomenología de las
religiones la cual entenderá que atender a lo religioso es imposible sin quedar
abierto, reconocer y atender a un pasaje íntimo que es capaz de transformarnos
redirigiéndo nuestra vida; un pasaje íntimo capaz de abismarnos en un umbral de
transcendencia en el que irrumpe un misterio sobrecogedor capaz de enamorarnos
y fascinarnos.
Precisamente
por eso resulta un término adecuado a la hora de acercarnos al contexto tan
pluriforme y complejo en relación a la cuestión de lo sagrado y sus pasajes.
Los románticos no hablaron de lo numinoso -no se había acuñado el término -es Otto
quien lo hace- aunque de haberlo hecho se habría ajustado con finura a su
quicio complejo. Personalmente descubrí el término leyendo a Jünger hace
ya un buen puñado de años. Desconocía la palabra pero la entendí por el
contexto de la cita y tras informarme, muy panorámicamente, entendí lo numinoso
como una indicación de lo sagrado pero apelando a una raíz de origen latino. Se
hace evidente que Otto, desde su perspectiva fenomenológica de atender a
los pasajes espirituales a partir de quien los vive, buscaba un término que
sirviera para atender a una categoría del modo menos condicionado y más amplio
posible. Es cierto que él mismo lo define apelando a la irrupción de ese
Misterio rebasándonos y fascinándonos aunque Otto no inventa
gratuitamente ya que apela a un término latino de la tradición romana
precristiana.
Del término
numen decir que en la antigua Roma no queda tanto dirigido a lo divino o a lo
puramente sobrenatural sino al brindarse al de la presencia de lo divino; el
matiz es importante. En su significado romano lo numinoso aludiría a la
presencia divina, a la manifestación de lo divino y de su potencia; algo que
podría darse prácticamente en cualquier sitio; un bosque, un río, un objeto
sagrado, en una obra de arte..
Como podemos
observar su significado más originario alude a las fuerzas espirituales
manifestándose en lo real dejando sello de una perspectiva omnipresente de lo
divino. Tal perspectiva, por tanto, aludiría a la potencia de una esfera
rectora que puede manifestarse y revelarse; y de hecho, así lo hace. Con la
influencia griega y etrusca los romanos pasaron a representar a sus dioses
iconográficamente con lo que se consolidó la idea de numen como esa
manifestación de los dioses de ahí que hablar del numen de Jupiter o de
cualquier otro Dios romano supondría hablar de su presencia en relación al
mundo. En La Edad media y tras la cristianización pasó a vincularse con el
paganismo con lo que dejó de usarse aunque su uso volvió con la lectura de los
clásicos romanos en los prolegómenos del Renacimiento y en una clave literaria.
Si bien es
cierto que el término de lo numinoso es la gran aportación de Otto a la
fenomenología de las religiones lo cierto es que en el Renacimiento el término
numen paso a usarse desde el punto de vista de la inspiración y del furor
y entusiasmo poético en una estela neoplatónica y deudora de la mania platónica.
El numen, era la inspiración poética y literaria brindándose; la musa… Los
grandes autores del siglo XVI usaron el término -pienso en Garcilaso o Fray
Luis de León- y también lo usaron los grandes maestros del siglo de oro
hispano. En todos ellos la perspectiva a tener en cuenta, la que justifica el
uso, será ese vínculo con una inspiración que tendía a decantarse en tanto una
inspiración transcendente. Sor Juana Inés de la Cruz, que también usaba
el término, nos dirá poéticamente : “Di, alma, qué sientes cuando en tu
ardor/te deshaces en un fuego tan divino/que el mismo miedo te sirve de amor,/y
el mismo asombro te guía en el camino.” El mysterium tremendum et fascinans
que diría Otto expresado casi literalmente... No resulta casual que
estos versos de la novohispana refleje tan certeramente lo que tiempo después
nos dirá Otto. Un misterio que irrumpe que deshace, rehace y
transfigura, que tiene potencia para recalibrar toda una vida. Al interior del
alma, nos dirá San Agustin en esa octava neoplatónica, habita el
logos-cristo, un logos que derrama su presencia ubicuamente en todo lo
que es y acontece...
A partir
del uso del sustantivo numen solo faltaba derivar el adjetivo numinoso, algo
que se hizo ya en la Inglaterra del XVI pero sin llegar al grado de elaboración
que le dará Otto. Nada de lo dicho, me refiero a estos usos previos,
restan mérito a Rudolf Otto. Al revés nos muestran el arraigo y la
potencia de un término capaz de remontarse a la romanidad pagana.
(2)
De Otto decir
que fue editor de la obra de Schlaiermaher, vinculado con el Círculo de
Jena, lo que le incardina en el epicentro de la tradición romántica. Otto
era luterano pero ajeno a ese protestantismo refractario al pasaje místico. Su
libro “lo sagrado”, traducido en España poco acertadamente como “Lo santo”, en
el que tematiza ese mysterium tremendum et fascinans no fue bien
recibido por las autoridades eclesiales luteranas. Su umbral de implicación con
la fruhromantik, esto es, con el romanticismo temprano resulta todo
menos casual. Es cierto que los románticos no usaron el término de numinoso ni
tampoco el de numen aunque las resonancias entre el concepto de lo sublime y el
de lo numinoso se harán evidentes. Lo sublime desbordando lo humano,
desgarrándolo casi -pienso en los cuadros de Fiedrich en lo que la
naturaleza, bellamente salvaje, se nos impone- en tanto presencia que nos
transciende, nos atemoriza y, al tiempo, nos fascina y enamora… Se hace
evidente que Otto al pensar lo numinoso bebe de fuenets románticas y,
sobre todo de la idea de lo sublime para a partir de ahí elaborar su propio
proyecto intelectual. Partir de Otto y de lo numinoso para divisar el
horizonte romántico no debe extrañarnos ya que si algo puede decirse del
Romanticismo a pesar de sus aporías, contradicciones y fisuras fue su enorme
éxito en tanto línea de fuga de la Modernidad; en la propia modernidad y más
allá de ella. Amparándola y desbordándola. Tanto será así que si algo no
debiera sorprendernos fue el giro católico del primer círculo romántico el cual
que no dejará de ser la primera vanguardia europea. Me refiero al Círculo de
Jena. Otto en esa línea de fuga nos ofrece un claro ejemplo de la
revolución romántica intentando volver a tender puentes con lo sagrado y su
pasaje en lo humano; y con lo real en tanto ese misterio que se nos brinda y
nos desborda. El númen de Otto. Al calor del romanticismos más lúcido…
(3)
¿Por que un
monje en el lienzo de Fiedrich?... ¿Por qué se conjura el monacato?.
¿Por qué el poco divulgado filocatolicismo del Circulo de Jena?. En relación a
las relaciones entre Romanticismo e Ilustración el filocatolicismo expreso del
primer romanticismo deja a las claras su distancia con la mentalidad ilustrada.
Este filocatoliscimo surge del que podría denominarse el primer texto
romántico. Me refiero al libro “Desahogos de un monje amante del arte” escrito
por Ludwig Tieck, el gran traductor al alemán del siglo de oro, y
Wilhelm Wackenronder que murió muy joven y poco después de editarse el
libro. "Desahogos..." se publicará en 1797 prácticamente al tiempo en
el que August Schlegel se muda a Jena para dar clase en la
Universidad abriendo así el proceso del Círculo de Jena. Este libro tendrá su
origen en un viaje que Tieck y Wackenroder hicieron por el sur de
Alemania y en el que quedaran deslumbrados por la exhuberancia del arte
católico y, también, por la alta penetración social del mismo. En el libro un
monje católico reflexiona sobre arte y sobre lo que sería la religión de la
belleza... Desde la perspectiva de este monje el arte no se entendería desde la
crítica sino desde el corazón, el entusiasmo y la intuición de lo sagrado. Muy
tempranamente el libro se convirtió en un objeto de culto para los jóvenes
románticos de Jena. Un libro, digamos, de cabecera. ¿Eran modernos los
románticos?. Una pregunta que desvela las aporías de la propia Modernidad, las
fisuras en las que enraíza la revolución romántica y las líneas de fuga que
terminó sirviendo.

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