viernes, 15 de noviembre de 2024

Calas diversas en Anarcolepsis: Pensando, jugando, rugiendo con Simón Royo

 

Ahí va una secuencia de reflexiones a partir de la lectura del libro de Simón Royo Anarkía/ Anarcolepsis, editado por Manuscritos. Un libro planteado como una experimentación con el lenguaje filosófico, dejándo ser simplemente palabra, a la búsqueda de la palabra viva. Lejos estamos pues de la esfera de lenguaje filosófico-académico y de la técnica que incorpora aislándolo incluso de un lector culto. Ensayo filosófico pero tambien proclama que transmite el deslizamiento de Simón Royo hacia el libertarismo y su propuesta revolucionaria.







"Estamos en la nave de los locos"(Simón Royo)


(1) [1]

Anarkía/Anarcolepsis es un libro que ante todo es un acontecer, un experimentar con el lenguaje indagando en nuevos modos expresivos para el pensar. Una apuesta, en palabras de Simón Royo, orientada desde “otro modo de ser/ de existir/ de vivir” habitando la palabra filosófica.  Pensar desde lo “indeterminado”, desde lo libérrimo, desde lo “incondicionado”, desde lo siempre presente”, desde lo “salvaje”.[2] ¿Acaso no es esto urgente?. ¿Exige la filosofía una palabra nueva dicha en las antípodas de los productos académicos curriculares que nadie lee?; ni siquiera los miembros de la Academia. Ante Anarcolepsis estamos ante un grito de rebeldía frente al lenguaje filosófico académico y su nula recepción social, un grito juguetón poco asimilable por el académico profesional que se aferra a los criterios de especialización que le auparon y aseguraron la soldada. Anarcolepsis es, por tanto, una provocación. Simón Royo, por lo demás, es doctor en filosofía y tiene una muy sólida formación académica. Advirtamos los parentescos que conjura “Cierto animismo/ panteísmo/ vitalismo/ materialismo (Lucrecio)/ Lo místico (Wittgenstein), lo sin por qué y sin para qué (Eckhart)/, inmanente,/ contingente,/ siempre presente”; y, además, lo libertario.

Filosofía académica, académico profesional… Cierto es que la del presente es una filosofía moribunda a la que nadie atiende y nadie lee. ¿Cabe repensar la filosofía como lo impensado y lo excluido de la escena social que nos habita?. Este, acaso, sea un primer compás. La filosofía como el residuo formalizado que la modernidad encierra en la Institución Académica -no vaya a ser que moleste- y en la tecnificación de los filosofemas. En la trepidación de la máquina el arte de vivir parece no encontrar hueco ni congregar interés. No olvidemos que al hablar de filosofía de la vida hablamos… ¿Es acaso posible vindicar la vida buena y el saber vivir confrontándose al orden de cosas vigente?. ¿No vivimos, acaso, en una sociedad que interviene y programa la vida misma?. Simón Royo entenderá que la lucha por la vida buena y por su marco, el de la comuna y lo comunitario, será el eje central del presente ensayo “ya no/ hay/ lucha de razas,/ ya no/ lucha de clases.. sino/ lucha por la vida buena”. A continuación conjura a Epicuro del que nos dirá poco más adelante: “Epicuro, el que en todo acertó”

¿Pasa la solución por encontrar un nombrar renovado?. Simón Royo apuntará a la palabra dicha desde un método anárquico, sin un ancla predeterminada sólidamente fijada, como vereda de renovación para el pensar, como vía abierta desde la que derribar el colosal ídolo que han diseñado los pensares de los últimos siglos; “sabiduría/ anárquica/ sin principios/ que sabe zozobrar”, que instaura debate y reflexión compartida. ¿el pensar arquitéctónico y sin fisuras, la voluntad de sistema, ilegible para la mayoría, como gran ídolo de la razón suplantando la vida?… Advirtamos que ante los tratados sistemáticos estamos en las antípodas del diálogo platónico y que, acaso, el primer tratado de la historia de la filosofía, la Metafísica de Aristóteles, eran, básicamente, apuntes de clase dirigidos a los miembros del círculo interno de la Academia. Por cierto, el estagirita, de cara al público, también escribía diálogos.

(2)

Anarcolepsis: el pharmakon de la anarquía para el pensar; la libre espontaneidad de la palabra maridando en un caos celeste prosa y poesía a la búsqueda de un “arte originario/ anónimo/ que aniquila/ mata/ lo mundano”. Un arte del origen antes que el poder fuera. ¿Cabe rastrear esa palabra originaria configurando destinos por venir?. Consideremos frente al orden jerarquizado de la filosofía como sistema la anarkía de la palabra que a la hermenéutica queda abierta.. ¿La receta?. Abandonar esa comprensión cerrada que agarrota el pensamiento; quedar abierto a lo más decisivo del pensar que no será sino la vida indicada y su potencia. La anarcolepsis dejando atrás la catalepsis de la comprensión orientada y correcta; corrección política al cabo. Atisbar una nueva planta para el pensamiento y confrontarse con un pensar tecnificante saturado de administración de la vida. Efectivamente, el sueño de la razón produce monstruos. Acaso la razón moderna, avasallando el logos, convirtió a lo humano demasiado humando en rector et pontifex.

La receta será pues la anarcolepsis: Pensar y escribir desde un horizonte que desvela un campo de posibilidades diversas que, más allá de la intención del autor, exigen de la activa participación del lector. Festejar que todo texto, en tanto palabra, transciende la voluntad ideocrática del que lo escribe. Escribir violentando, mas no negando, el concepto y acercar la filosofía a esa palabra poética que lejos de cerrar argumentarios abre a sentires y sendas de vida y pensamiento. Tales resonancias nos suscitará Anarkía/Anarcolepsis para, finalmente, invitarnos a imaginar el anarcántropo, ese “aristócrata intelectual” que “respecto/ a /la inteligencia/ solamente admite/ el máximo e igual/ para todos”. El lector reimaginando y liberando la palabra. El anarcántropo “no busca lectores, busca secuaces” nos dirá Hugo Savino en el prólogo.  Devolver su primacía a la palabra en el acontecer que promueve. “Acontecimiento/ es/ tránsito…/a/ otro/ modo de ser… revolución”. Metanoia. Imaginemos un nuevo decir filosófico dando primacía a la palabra que late a muy diversos registros en los diversos lectores. ¿Transformar el texto en comunidad desde el primado de la palabra más allá de la autoría?. En comunidad y a la medida del cuerpo vivo; “pensar así/ por instinto/ si recuperamos/la intuición intelectual/ el nous/ la no medida/ de inteligencia/ alcanzamos maestría”. Lo noético, a la medida del cuerpo vivo y de su capacidad para el acontecimiento y para la realidad que se desvela en la presencia…

(3)

Con Anarkía-Anarcolepsis Simón Royo, muy coherentemente, se ha deslizado hacia el libertarismo, entiendo, a partir de una perspectiva de crítica política deudora de la idea deleuziana de administración de la vida, o de la foucaultiana de biopoder -retomada por Agamben- y que enlaza con la delimitación heideggeriana del tiempo presente como el del imperio de la mentalidad técnica en tanto gran telón de fondo de la modernidad. Con acierto, nos dirá Simón Royo que de la “Naturaleza/ de ella/ brota todo/ brota también la técnica/ y la cultura”. Solo así la técnica, brotando de la intimidad de lo humano, se nos puede hacer íntima hasta el punto de haber llegado a troquelarlo todo en el tiempo moderno.

Desde esta perspectiva los últimos siglos quedarían delimitados desde una capacidad creciente de gestión de la vida que la convertiría en el objeto de planificación de unos poderes humanos que pretenderán alcanzar una serie de rendimientos. Consideremos las enormes concentraciones de poder que cuajan en la modernidad técnica… Como se hace evidente -nos recuerda Jünger- en un paisaje así la persona singular, las personas concretas y sus conciencias, se transformarán en objeto preferente de intervención, configuración y cosificación.  De este modo, el gentío pasará a ser poco más que una colección de piezas a las que dar la forma prevista para que sean operativas en el engranaje social. El hombre como pieza de diseño, la sociedad como gran maquinaria…

Confrontemos lo dicho con esa divisa de afirmación de la vida, postulada por Nietzsche, y advirtamos el potencial de su crítica al tiempo presente. ¿La vida?. “No olvides/ todas las fosas/ son/ comunes/ Ya no/ hay lucha/ de razas/ ya no/ lucha de clases/ ya no/ por la vida/ mera supervivencia sino/ lucha/ por la vida buena/ ocio/ renta y formación/ placer y alegría/ escuela y jardín”. La referencia a Epicuro se le colará a Simón en el texto como gran intérprete filosófico de la necesaria afirmación de la vida. Nietzsche, Epicuro

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Recapitulemos y advirtamos cómo, en tal orden de cosas, el gran sello de servidumbre será la vida formateada desde el poder, esto es, nuestra vida no vivida a partir de la ordenación del tiempo que nos impone el vigente orden de cosas. La clave de la explotación ejercida sería, por tanto, esa enajenación de la propia vida y del propio tiempo mandatado por el poder; “nos arrebatan/ el presente/ sumidos/ quedamos/ en futuro incierto/ en pasado cierto ignorantes/ pues sabiduría/ es /amor a la presencia/no vemos lo que se nos presenta/ el acontecer/ y se nos nubla/ el actuar”. La sociedad moderna como la gran caverna de los ciegos. Esa ceguera que nos decía Saramago…

La plena escena social se asienta pues en esa sociedad de individuos ciegos y atomizados que ceden el espacio público a la virtualidad del mercado y de los circuitos de imágenes. Partículas elementales que rendirán culto y adoraran la gran orgía crepuscular; esa fiesta sombría del “consumo/ de trabajadores/ agotados/ del pueblo pobre/que baila/ fiesta del consumo/ del capitalismo”. La gran tarea: inventar más allá de sus cenizas fiestas que promueven comunidad y alegría. “La alegría/como mayor/ potencia/ de conocer/de ser/ de actuar/de existir”…

Como vemos la palabra rechazada e impensada aguarda en el crepúsculo de los ídolos al que Anarcolepsis anima. “Ya pasó la fiesta del asno/ el obispo bufón/ nos bendijo// a todos//Hemos degradado la moneda/ hasta hacerla/ desaparecer/ mostrando así/ su falsedad// Ahora/ estamos listos/ para la/reconstrucción/ de la/ comuna”. Los vínculos de los cuerpos vivos encontrándose desde la palabra impensada. La comunidad el gran desafío a reimaginar, el hogar que nos fue hurtado por el pujante proceso de administración de la vida. La comuna, asamblea tribal, koyné por venir, hermandad a imaginar, el cuerpo a cuerpo desplazando al mercado más allá de la escena... La anarquía: la emergencia de un tejido vital espontáneo que se organiza. La cuestión es, ¿qué catalizador ordena la vida desde la vida misma?. ¿qué palabra funda lo que perdura?, que diría Hölderlin. ¿Dónde abunda la palabra originaria señalándonos?. Simón Royo nos recordará la capacidad de los poetas, desde su propio exilio interior, de alumbrar palabras que destruyen el in-mundo que padecemos creando “otro espacio/ común compartido”

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El recorrido al que nos invita el Simón Royo va más allá. La del tiempo hurtado remite a la cuestión del capital en tanto modo de producción y, también, de consumo. Con acierto, el autor de Anarcolepesis encontrará la figura explicativa de la administración de la vida en las dinámicas de producción y consumo.  “El costo/ de una /mercancía/ es la/ cantidad de vida/ que hay/ que dar a cambio de ella… luego/ el que/ más tiene/ menos vive… explotación/ del hombre/ por el/ hombre/ salir fuera/ de si/ enajenación/ vampirismo”. El tiempo que cedemos al sistema es, básicamente, el tiempo que el sistema nos hurta para educarnos en su propio beneficio para ser una pieza más -la que nos toque- del engranaje social…Tal será el gran cenagal de las vidas inéditas como cimiento de un modo de producción que nos vive; y así los cuerpos vivos se verán suplantados por una virtualidad que nos mide e imagina. Efectivamente, el vínculo entre el orden técnico, la modernidad, el capitalismo desatado y el orden de lo virtual será muy estrecho. A la base de lo dicho la revolución burguesa implementando esa movilización total para la producción que caracteriza el tiempo presente; el del “capitalismo/ como cáncer/ del mundo/ y/ de la/ tierra (Hanna Arendt)… en el que todo deviene mercancía” e imagen de consumo.

¿Sería posible liberar el tiempo más allá de las exigencias del mercado?. ¿Cómo hacerlo?. Ante lo dicho y en palabras de Simón Royo: “ demorarse/, morar despacio/, frenar el impulso vertiginoso que nos lleva a la muerte/… Epocalidad/ de la/ modernidad/ es/ tiempo acelerado. Antídoto/ leer/ leer despacio/, escribir/ más lentamente/ aun/… cualquier meditación/ atención/ demora/, regusto… No abogamos por la lentitud/ que es/ envejecimiento/ sino/ por salirse/ fuera /del tiempo/ desasimiento/ dejar ser/ ritmo/ y/ armonía/ en concordancia/ con/ la sinfonía/ del cosmos/ palpitación de la naturaleza/ canto polisónico”, La verdad siempre será la physis y la vida que nos dice, más allá de nos. “Verdad/ entonces/ ya no como/ principio/ rector/ sino como espacio”, “como acontecimiento que no se impone”, como “energeia/ parto/ natalidad”. La sabiduría como amor fecundo a “la presencia”, a la alteridad y la corporalidad que nos espera más allá de los circuitos de imágenes que enhebran el mercado … Algo nos espera más allá del recodo y del in-mundo que nos habita en su propia trepidación. Quizá ese “orden/ de lo / intempestivo” del que nos habla Hugo Savino en la introducción del libro, quizá ese “retomar/ el tiempo/de las cosas/ralentizar la aceleración”. Con seguridad una metanoia. “cambio en la intelección/ atención/ perspectiva/ nueva mente/ otra mentalidad/ heterotopía anárquica”.

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Las resonancias que me suscita Anarcolepsis no son pocas. Entiendo que lo postulado respecto del proceso histórico, además de abocarnos a abordar la cuestión del nihilismo, -el nihilismo en tanto suplantación de la vida- como el tema de nuestro tiempo también incorpora un juicio acentuadamente escéptico o, incluso crítico, de esa modernidad ilustrada encastillada en la autocontemplación complaciente. ¿Cómo recuperar la capacidad de palabra tras la tabula rasa ilustrada?. En tal encrucijada Simón Royo, mojándose políticamente, dará un paso desde la crítica filosófica y metapolítica a la política operativa. Vindicará la tradición libertaria como respuesta a la intensa crisis de la razón política crítica de la segunda mitad del siglo XX. Para entender el paso dado por Royo algo debe quedar claro. A saber, su conciencia revolucionaria y su convicción de que solo cabe una revolución en toda regla como única vía de salida posible al actual orden de cosas. ¿Qué orden de cosas?. Insisto; el de la administración de la vida que ordena un orden social totalitario por mucho que venga a legitimarse desde apariencias democráticas. ¿Qué orden totalitario?. El del ordenamiento creciente de la vida como finalidad en sí. Apelo al sentido que daba Popper al término totalitario, es decir, al de una sociedad en la que la vida social entera viene a estructurarse desde una referencia que todo lo ordena. En tal sentido es indispensable recordar que este orden totalitario pudiera no necesitar de autoritarismo alguno e, incluso, disponer a su favor de la programación del deseo que administran los circuitos de imágenes que enhebran la sociedad de consumo… ¿Es el mercado esa matriz imaginaria que programa los deseos dando al siervo una falaz sensación de libertad?. Libertad de elegir que decía Milton Friedman aunque claro desde las condiciones que al esclavo le imponen…

Desde la tradición filosófica se lleva siglos aclarando que la libertad, muy lejos de identificarse con el deseo en expansión, se remite a la capacidad de conocer y de ser en tanto marcos de refinamiento de ese deseo. ¿Cómo replantear la cuestión de la libertad?. Con acierto se nos dirá en Anarcolepsis: “Libertad es dominar las pasiones/ libertad es liberar las pasiones/atentos a la paradoja”. Paradoja de las paradojas. Anhelo libertario donde los haya por proclamar la soberanía de la persona. La única vía abierta reside en el alma misma del hombre, en la intimidad de su vida anímica y no en autoridad externa alguna.

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Del libertarismo decir que siempre me estremeció su pureza al entender al poder que se constituye en el tiempo de la modernidad como el gran enemigo a batir. El poder moderno como enemigo objetivo de la vida; y, por tanto, la única vía posible la de resistir a ese poder que se proyecta con enorme violencia sobre la vida. Tal será la génesis impoluta de la violencia revolucionaria anarquista; una respuesta instintiva, desde la piel de la vida misma, a esa programática moderna de control -bien lo sabía y lo decía Buenaventura Durruti apelando al dolor del pueblo violentado-. Por tal razón el libertarismo nunca se prestó a ceder su vientre al estado a cambio de participar del poder -tal y como hace la izquierda/progresía realmente existente-. Frente al poder constituido en Estado solo cabrá su demolición en tanto agente de administración de la vida. No se trataría, por tanto, de cambiar la sociedad atendiendo a ciertas reformas ni  de hacer el sistema más dulce sino de derrumbar las bases del poder mismo vigente en la modernidad. Me viene a la cabeza el gran Agustín García Calvo, genio y figura, animando a la destrucción de la realidad que se nos vende…  ¿Cabe esperar de la potencia creativa de la vida y del propio caos del mundo derribándose una determinación hacia la comunidad, el orden y la armonía?. Tal será la apuesta libertaria.

Habrá a quien le resulta inviable e ingenuo lo dicho pero, ¿qué salida cabe nombrar en una sociedad que ha cerrado a través de la programación las vías abiertas a la vida?. En realidad no hay ingenuidad alguna sino, más bien, asunción de lo trágico y señalamiento de la única opción posible. En una situación así solo cabrá la perspectiva del observador escéptico que se distancia o la del que violenta el sistema con dureza como único acto verdaderamente político (Deleuze). Para Jünger, tal será la diferencia entre el anarca (o el emboscado) que cartografía y deslegitima, indicando remansos que hagan posible la vida, y el anarquista que se enfrenta al poder cara a cara. Es cierto que Jünger, en Eumeswil, se decanta por el anarca, ahora bien, en La Emboscadura advierte con nitidez de la pesadilla que supone la figura del emboscado para los poderosos en esos tiempos de crisis en que las ovejas se transforman en lobos. Acaso ahí, el anarca y el libertario, compartan piel y barricada a la lumbre y el calor de la palabra de un poeta.

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Quisiera comentar un asunto más, breve en líneas en el libro, pero políticamente muy relevante. En una intuición que muestra finura e incorrección política -apostar por lo libertario también lo es- Simón Royo aventura un posible devenir hispano revolucionario y lo cierto es que un bloque político hispano en términos geopolíticos convulsionaria en muy alto grado la política internacional. Y es que lo sorprendente es la fragmentación de la esfera hispana precisamente por condenarla a ser patio trasero de explotadores. Real politik emancipadora y de soberanía más allá de todo frenesí identitario. “Ser hispano” nos dirá simón Royo”lo contrario de/ una/ españolidad/ sería ser/ hispano/ser anarkohispano/ Tal cosa/ no/ equivale/ a ser latinoamericano/ o español sino “griego/ romano/ árabe… olmeca/chibcha/maya…dialécticas conjugadas/conjuradas/ mezcladas/ de propio-ajeno  …/producción de seres desnacionalizados/... El anarcántropo hace suyo lo otro/ Don Quijote/ Atahualpa”. Mestizaje


[1] Todos los entrecomillados del libro Anarkía/Anarkolepsis de Simón Royo

[2] Me remito al primer párrafo del libro


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